
Mientras iba en mi auto camino al concierto se me venían muchas imágenes a la mente. Por supuesto que la primera, cuando hace 16 años atrás, nos presentamos en este mismo escenario con la Orquesta Juvenil de la Escuela Experimental de Música Jorge Peña Hen de La Serena. En ese entonces el señor Domínguez no tenía canas, mi hermano y yo teníamos 13 y 14 años, y el Teatro Municipal de Santiago todavía tenía el piso con alfombra... muchos de los 'viejos estandartes' de la actual Orquesta de ex alumnos de la Escuela, en ese entonces eran los 'peques', y la 'vuelta a la democracia' era un hecho de la contingencia bastante reciente (quienes conocen la Escuela, sabrán por qué lo destaco).
Llegué y compré mi entrada nerviosa... entré a la sala tratando de encontrar alguna cara conocida pero luego caí en cuenta que eso era imposible, estos niños todavía no entraban al colegio cuando yo lo dejé! Entraron todos ordenadamente al escenario, se sentaron, y miraban atentos a sus familiares en el público, tragando una y otra vez, probablemente con la boca seca de tanto nerviosismo. Yo miraba el bombo, los timbales, los mismos de entonces... qué nostalgia. Entró el concertino y afinaron: maderas, bronces y cuerdas. Estaban bastante fríos, como el día, la afinación quedó un poco dispareja, pero se veían todos felices, a veces eso hace mucho más que una afinación perfecta.
Delante mío una pareja joven le decía a un par de abuelitos "nosotros les avisaremos cuando salga". "Ahí viene..." y los abuelos contestan "¿la del medio?"... "no, la de la izquierda, la primera flauta" jejejeje (me reí para mis adentros).
Entonces apareció el señor Domínguez. Se me apretó la guata, los chicos de la orquesta se pararon y a mí me vino el reflejo de pararme también, jajaja. Una mirada rápida a todos y partieron. La Danza Fantástica de Enrique Soro dio inicio al Concierto. Todavía fríos y nerviosos, pero atentos y con mucha garra, me impresionó mucho el trabajo de cuerpo de los bronces y las cuerdas, los matices. Finaliza y aplauso cerrado. Entra entonces en escena el señor Hidalgo, no podía creerlo; el querido señor Hidalgo que es algo así como un asistente técnico de la Orquesta, claro que este título le queda corto porque, en la realidad, es como un segundo papá para muchos en la orquesta... eso pasaba en mi época, y no veo por qué no podrá ser así ahora. Su estilo paternal y cariñoso para ayudar en lo que fuera (desde líos con partituras hasta nudos de corbata y quién sabe qué más) hacen de él un personaje invaluable en la querida Escuela. El señor Hidalgo entró para acomodar un atril para el solista de la obra que seguía.
Entró entonces Matías Tapia, solista de trombón. Para mi gusto un talento de exportación, un chico que sin dudas dará que hablar. Interpretó el Concertino para trombón de Ernst Sachse, un compositor moderno pero con un estilo bastante clásico que a ratos recordaba el Concierto para corno de WA Mozart. Para mi gusto, prácticamente perfecto, y de verdad no exagero, no es cosa de ex alumna chocha con la nueva generación. Qué sonido, qué fraseo, qué musical... y qué seguridad, de verdad parecía que él y este instrumento eran uno, algo difícil, pienso, para un instrumento un tanto aparatoso y de estética particular. Pero sin duda lo mejor en él fue cómo disfrutaba lo que hacía, porque en este arte (como en todos) es especialmente importante disfrutar lo que se hace. Nadie quiere hacer una carrera donde a diario tiene que sufrir mientras trabaja. Bravo a Matías!
No me voy a detener sobre el Saludo Americano de Morton Gould, obra fascinante, pero que después de 20 generaciones tocándolo... me parece que ya deberían jubilarlo! Hasta los viejos estandartes merecen descanso.
Pasamos entonces a la segunda parte del Concierto (si bien no hubo intermedios, pero el "tono" del concierto cambió radicalmente). Nos esperaba La música de La Guerra de las Galaxias de John Williams. Entonces, si hasta ese momento ya estaba bastante conmovida, ya con esto de frentón se me cayeron las lágrimas. Parte la obertura con su primer acorde maravilloso (soy hincha de la película y su música) y junto con esto, en el fondo se proyectan imágenes de la película. Me dio envidia (sana) porque en nuestra época tratamos de convencer al Señor Domínguez por todos los medios de tocar esto, sin mucho éxito. Esto también aumentó el "barullo" de los chicos de distintos colegios que estaban llenando el Teatro a esa hora, atónitos frente a las imágenes de una película familiar para ellos. Aquí ya todos estaban con los dedos más calientitos lo que se notó porque el virtuosismo aumentó vertiginosamente. Tengo que hacer aquí un especial guiño al jefe de fila de las violas, un chico que tocaba la viola como quien toca el concierto para violín de Tchaikovsky... con una pasión, con un virtuosismo, con un gozo... algo poco visto en los intérpretes de este instrumento.
El concierto siguió cada vez más entretenido (y mi envidia iba en aumento) ahora con la interpretación de la música de El Señor de los Anillos de Howard Shore -también con imágenes de la majestuosa película como telón de fondo. Los chicos estaban definitivamente en éxtasis y ya a esas alturas se veían dueños del escenario y la afinación estaba fantástica. En el programa decía "solista: Victoria Larraín S." yo trataba de buscar dónde estaba la solista sin éxito. De repente, se para una niñita preciosa que hasta ese momento estaba escondida detrás

de su corno. "No!" pensé yo, "crisis de nervios, se va del escenario". Nada de eso, caminó con la mayor distinción con que una mujer puede caminar hacia el centro del escenario hasta quedar junto al director... en ese momento entendí todo: ella era Victoria e iba a cantar. Y lo que siguió fue, para mí, la nota más alta del concierto. Definitivamente creo que estábamos frente a la futura gran contralto de nuestro país. Victoria nació para cantar, nada más que decir, un tono de voz sencillamente maravilloso que parecía mandado a hacer para interpretar esta canción, seguro que si Shore se encuentra con ella le diría que estaba pensando en ella cuando lo escribió. Terminó de cantar, caminó nuevamente con soltura y sencillez hasta la fila de cornos donde se sentó y siguió tocando. Guau! Esto en sí, fue un espectáculo. Aquí también tengo que hacer un alto para felicitar al piccolista, tremenda afinación y bonito fraseo, se notó talento... felicitaciones a su profesora también!
Terminó entonces el concierto con la interpretación de la pomposa música para la película Piratas del Caribe, el fin del mundo de Hams Zimmer. La verdad, pura pirotecnia, pero de la buena y acompañada de fondo con las escabrosas imágenes de la película daba un resultado bien fascinante. Terminó de modo majestuoso y un estridente acorde: aplausos y bravos! Siguió entonces un encore, que yo juré que era el tercer Aire chileno de E. Soro, pero acabo de confirmar que no, en fin, era música chilena en honor al Bicentenario de nuestro país (así tal cual decían las imágenes de fondo).
Durante todo el concierto no podía dejar de pensar en lo afortunada que fui, lo afortunados que son estos niños, de poder tener acceso a esto. Probablemente no lo valoren bien hasta que pasen unos 16 años después de este concierto... para ellos esto es algo "normal" eso es magia. Mientras tocaban traté de traer a mi mente a sus profesores, personas que para mí fueron tan tremendamente cercanas en algún minuto de la vida: el profe Ferre (violín), don Froylán Zelaya (corno), el profe Urquiera (oboe), el señor Domínguez (fagot), la profe Wilma (viola), don Eraldo Sandoval (violín), el señor Gajardo (canto y coro), la profe Clarina (flauta), el señor Navarrete (clarinete), el profe Fuentes (trompeta), el tío Lautaro (violín), el señor Díaz (cello), Raimundo (percusión). Perdón por los que dejé fuera, es sólo un problema de memoria. Tampoco pude dejar de pensar en la maravilla de la educación musical y pensaba cómo quiero que sea la educación de mis hijos...
Me siento completamente feliz y orgullosa de alguna vez haber sido parte de esto. Bravo al gran Jorge Peña Hen que fue el gran impulsor de esta iniciativa y a don Fernando Rosas que tuvo el entusiasmo y la visión de retomar lo que Peña Hen dejó inconcluso y potenciarlo hasta el infinito a través de la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles de Chile (FOJI). No podría apostar a que estos niños estén más lejos de la droga, del alcohol, de la deserción escolar, de la paternidad adolescente... pero sí puedo apostar, con seguridad, que esto da un GRAN sentido así con mayúsculas a sus vidas, y que si bien no sé si están lejos, al menos puedo asegurar que no están más cerca de quienes no tienen una oportunidad así, y esto ya es bastante decir.
Todo mi cariño y felicitaciones a esta grupo, un orgullo que todavía me tiene el pecho inflado y la fascinación de ver que esto no sólo no desaparece (como me llegaron rumores alguna vez) sino que prospera y se multiplica. Me produce especial felicidad también saber que este año han clasificado para ser parte del Festival de Orquestas organizado por la FOJI en Santiago, con la mejor calificación de su grupo. Comentario a parte, pero hay que hacerlo, mala nota para el área técnica del teatro Municipal que no logró que las escenas proyectadas como telón de fondo se vieran con excelente calidad, sabiendo que un teatro de estas características cuenta con los recursos suficientes para que algo así no ocurra.
un gran abrazo
de una ex (orgullosa) alumna!
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Fran, qué lindo relato, muy emotivo! Como dices, un privilegio... tener el talento y la oportunidad para cultivarlo! Gracias por compartir con este post parte de tu historia.
ResponderSuprimirFANTASTICO RELATO!! y te cuento que yo estaba en la orquesta el año 1986 cuando nos presentamos en el Municipal. Ese año se decidía la continuidad de la escuela. Nunca olvidaré que desde el balcón alguien gritó: ¡¡¡¡¡ por Jorge Peña Hen!!!! era su hija y el público comenzó a aplaudir a rabiar. La emoción era incontenible; plena dictadura y se pronunciaba el nombre del maestro, sin pudor... nos lanzaron claveles.
ResponderSuprimirsaludos Francisca, y al igual que tú soy un orgulloso ex alumno de la generación del '87
DANIEL
Gracias Daniel por tu comentario, qué maravilla lo que cuentas!
ResponderSuprimirun tremendo abrazo
Muy lindo lo que escribiste! Nostalgia, nostalgia...
ResponderSuprimirUY;UY,que regreso en el tiempo,viejos amigos recuerdos ,infancia ,universidad ,una vida ,gracias y que loca es la vida ,cariños amiga
ResponderSuprimirCarlos Javier Neely
fran, me encanto, es como haber estado ahi... es verdad, es un orgullo y una emocion saber y sentirse parte de esta escuela, que nos ha dado tanto... besos
ResponderSuprimirnat_
Fran, congratulaciones, no sabes la emoción que he sentido al leer tu relato, sinceramente a sido como haber estado allí.-
ResponderSuprimirPor supuesto un homenaje al maestro Jorge Peña Hen quien me dijo una vez "La mùsica no tiene dueño, tenemos que hacer que sea de todos".
Felicitaciones a quienes fueron tus profesores, muy en especial a quienes te hacían castellano. Gracias a ellos hoy nos deleitamos leyendo tus relatos... mmmm... de los profes que tu nombras la profe WILMA fue mi compañera de curso.-
Mis respetos.-
Fran, mira como nos acercas a un mundo tan especial tan ajeno y tan valioso. Para quienes nada sabemos de lo que significa integrar un orquesta, tu relato es un paseo precioso. La próxima vez que vaya a un concierto, releeré lo que escribes, para ver si alcanzo a fijarme si el frío dejó levemente desafinados los instrumentos, o como se van soltando los dedos a medida que avanzan las música y la confianza.
ResponderSuprimirun abrazo
La verdad es que es algo magnífico. Hoy soy parte de esa orquesta y me siento de lo mas contenta y satisfecha, estoy enamorada de la música y mas adelante me gustaría poder contar con ver la orquesta, la que en algún momento yo pertenecí y poder contar las historias lindas que he vivido con hacer parte de mi vida la música. Estoy enormemente orgullosa de lo que ésta orquesta ha logrado. Gracias por su relato, le cuento que nuestro profesor nos la ha leído en un ensayo general y yo me sentí de lo mas emocionada. Gracias de verdad !
ResponderSuprimirMuchas gracias a esta anónima escritora!
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